Historia de terror de Guadalajara El tictac de la muerte

Son pocos los que lo saben, pero en algún momento, la fachada del Hospicio Cabañas de Guadalajara fue adornada con un reloj de gran tamaño. Tal y como lo estás leyendo en este momento. Quizás no hayas escuchado nada acerca de este asunto, ya que éste fue retirado de su lugar original hace varias décadas. Pero de eso hablaremos más adelante.

Éste edificio sirvió como albergue de infantes desde su construcción, hasta principios de la década de los años 80. Es decir, su función principal era la de refugiar a los niños sin hogar, prácticamente desde su construcción en 1810, hasta que definitivamente cerró sus puertas en 1980.

Historia de terror de Guadalajara El tictac de la muerte

Actualmente en su interior podemos ver gran parte de la obra del artista José Clemente Orozco y hasta organismos internacionales lo han declarado como “Patrimonio Cultural de la Humanidad. Ese galardón lo obtuvo en 1997.

Sin embargo, no estamos aquí para elogiar tan emblemático inmueble, sino para contarte cuál fue el motivo por el que su reloj fue retirado para siempre.

Era muy común que construcciones de gran tamaño, estuvieran acompañadas de un péndulo de gran tamaño, pues además de ser un bello ornamento, servía para que la gente estuviera al pendiente de la hora del día. Recordemos que durante el siglo XIX y principios del siglo XX, no muchas personas podían costearse un reloj de bolsillo.

El artefacto fue colocado en su lugar y al principio funcionó con total normalidad. Cada media hora se escuchaba una campanada y al cumplirse el ciclo de 60 minutos, temblaban las campanas de acuerdo con la hora que correspondiera.

No obstante, poco tiempo después de que comenzó a funcionar, el reloj tuvo varias fallas inexplicables. Es decir, de momento se detenía en un punto determinado y sin que nadie hiciera nada, después arrancaba normalmente.

A primera instancia, nadie le prestó atención al desperfecto e inclusive los moradores de la capital jalisciense lo tomaron como un asunto chusco. Aunque después se convirtió en una auténtica historia de terror. Luego de transcurrido un lapso considerable, una de las monjas del hospicio le avisó a la madre superiora que cada vez que se detenía el reloj, ocurría un acontecimiento macabro.

De acuerdo a lo dicho por la religiosa, en cada ocasión en el que el reloj del detenía su marcha, uno de los huérfanos moría de inmediato. Los decesos eran de diferentes maneras. Algunos huérfanos murieron ahogados, mientras desayunaban. Otros bajando las escaleras y otros más de un infarto al corazón.

Asustada por el relato, la madre superiora llamó a un gendarme para que sirviera de testigo la próxima vez que el reloj se detuviera. El agente de la ley se puso pálido al ver que en efecto en el preciso instante en el que se detuvo el reloj, uno de los infantes cayó como fulminado por un rayo, después de sonar las campanadas que anunciaban las 9:00 de la mañana.

La gente hizo muchísimas peticiones al gobierno para que quitaran el reloj. A pesar de esto, la petición fue atendida hasta 1952, fecha en la que fue retirado de forma definitiva de la fachada del hospicio Cabañas.

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